viernes 21 de noviembre de 2008

21 - LA HUIDA


Las palabras de Escila resonaban en los oídos de Estela suaves pero embaucadoras inundando su mente poco a poco, como si de un persistente goteo se tratara, de ecos de ambición, de supremacía, de poder. Y era tal la fuerza de esa mujer, tal su carisma, que resultaba imposible ignorarlas o contradecirlas. El lado oscuro le atraía, le atraía, con su fascinante y vertiginoso hechizo.
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La joven se encontraba de vuelta en la cueva que habitaba en Oceania a modo de vivienda, tumbada en la cama, intentando conciliar el sueño con inútil resultado. Los pegajosos, sucios vocablos que le dedicara la anfitriona de la fiesta se habían colado en su cuerpo y no cesaban de repetirse y repetirse. Y al igual que los gusanos horadan la fruta fresca, pretendían horadar sus ideales, y su ser, y su alma.
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Y en la oscuridad de la noche, con los ojos cerrados, se removía sin parar debatiéndose entre el sueño y la vigilia en un agitado duermevela plagado de angustiosas pesadillas. No. No. No. Hasta que una mano tapó su boca con fuerza.
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El corazón se le aceleró y envió al cerebro señales de peligro. No se lo esperaba. Forcejeó moviendo hacia un lado y otro la cabeza con rabia, pero no sirvió de nada. Quien quiera que fuera el atacante era más fuerte que ella.
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—Shhh..., soy yo, no hagas ruido —escuchó un susurro mientras la presión en la boca se aflojaba.
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Forzó la vista para ver algo en esa negrura, y entonces vislumbró entre sombras los inconfundibles ojos dorados de Dhana.
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—¿Es que te has vuelto loca o qué? —soltó a bocajarro.
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—Vístete, nos vamos —exclamó tajante su amiga aunque en el mismo susurro.
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Estela quiso explicarle que no tenía ganas de excursiones, que estaba cansada. Pero Dhana no le dio opción. Cogió sus ropas, se las tiró a la cara y luego le quitó con brusco movimiento la tela que le cubría a modo de sábana.
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—Rápido, no hay tiempo que perder, Escila ha enviado a sus esbirros en tu busca y los del Consejo no tardarán en llegar.
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—¿En mi busca?
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La adolescente no entendía qué estaba pasando, pero aún así se incorporó.
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—Ha denunciado un grave suceso en su palacio —continuó Dhana—. Según dice han forzado una de las puertas, la del laboratorio, y varios testigos aseguran haber visto rondando cerca a alguien parecida a ti.
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— Eso es una tontería. Está claro que yo no he sido —se quejó ella intentando vestirse a oscuras al tiempo que su amiga metía algunos enseres en una mochila—. ¿Para que iba yo a querer entrar allí si ni siquiera sé dónde está ese laboratorio que dices ni qué diablos guarda en él? Tú me crees ¿verdad?
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La muchacha se detuvo y la miró severa atravesando las densas tinieblas.
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—Deja ya de disculparte. A mí no tienes que convencerme sino a ellos, pero no, no pienso permitirlo en estas circunstancias. Y con respecto a lo que esconden allí, no tengo ni la más remota idea.
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Estela acabó de vestirse y tanteaba la pared para salir la primera del cuarto cuando de improviso cayó en la cuenta de algo que se le había pasado por alto. ¿Y si esa gente no mentía? ¿Y si había realmente alguien parecido a ella? Sólo existían dos personas en el mundo con características tan similares como para ser confundidas, razonó. Una lógicamente era ella misma, y la otra...
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Se quedó clavada en el sitio, a pocos pasos de la salida.
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—No puedo irme.
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—¿Qué? —su compañera chocó contra su espalda.
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—Que me quedo —respondió Estela resuelta dándose la vuelta—. Mi madre estaba allí.
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Se hizo un silencio cortante.
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—Qué tontería es ésa —lo rompió Dhana con brusquedad—. Ahora la que te has vuelto loca eres tú. ¿Acaso has perdido el juicio?
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—Pero ¿por qué no puede ser cierto? —agarró Estela a su amiga por los hombros—. ¿Por qué no? ¿Eh? ¿Eh?¿Por qué? Había una multitud en la que apenas se distinguía a nadie. Gente y gente por todas partes, y mi madre podía estar perfectamente entre ellos. No, no es ninguna locura. Debo volver ahora mismo a la fiesta, si es que todavía continúa, y ya de paso aclarar lo sucedido. Si no creerán de verdad que yo lo hice.
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Se giró nuevamente en redondo, y ya iba a marcharse cuando una mano le retuvo.
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—Déjate de bobadas —le soltó su amiga con brusquedad, sabiendo que no le quedaba más remedio que tratarla con dureza para que reaccionara—. Me importa poco lo que piensen. Ya sé que tú no has sido. Todos sabemos que tú no has sido. ¿Es que no ves que es una trampa? Escila quiere distraernos a todos con esta absurda pantomima y de paso retenerte unos días. Necesitan tiempo. Eso está claro. Pero lo que no comprendo es para qué. Algo trama, así es que no nos queda más remedio que desaparecer hasta que las cosas se esclarezcan.
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—¿Y los del Consejo de Ancianos? —preguntó Estela preocupada.
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—Yo respondo de ti ante ellos —dijo su amiga, y ambas salieron al exterior de la cueva, amparadas por la oscuridad de la noche, y se dirigieron hacia el norte, a las montañas.
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Eran fugitivas.

3 comentarios:

Verónica dijo...

"Yo respondo de tí ante ellos". Así de contundente. Sin fisuras. En su momento, hubiera sido capaz de dar mi vida por escuchar esa frase (entonces, también tengo que reconocerlo, no valoraba en mucho mi existencia). Lo hubiera dado todo, en una palabra, porque nadie hizo por mí algo semejante (yo sí, y me metía constantemente en unos líos del carajo por ello).

Con la edad, nos vamos serenando. Y ya no es tan fácil eso de la fe ciega. Nos volvemos caracoles, nos guardamos dentro de nosotros mismos porque eso de confiar ciegamente en alguien no es bueno. Es tan difícil .... ¿O no?

Tal vez, las mayores desilusiones de la vida vengan por ese lado. Por ese darse por completo, y, después, comprender el error cometido. Y no es el error el que duele sino la sensación que a uno le queda. Ese sentimiento de que no conocías en absoluto al ser humano por el que te has apostado completa.

Fracasos de esos he tenido varios, como todos, supongo. He de reconocer, sin embargo, que, en alguna ocasión, no me salió mal del todo. Y me alegro, profundamente, de ello. Por mí y por la persona elegida. Personas con las que, hoy en día, ni tan siquiera me veo, pero .... ahí estuvo, y, porque estuvo, vivirá conmigo para siempre.

Esperemos a ver como les va a ellas .... Espero que bien, sé que bien. Éste es un relato positivo, la amistad, ese vínculo tan difícil de conseguir, tiene que triunfar en tu historia (¿o no? ¡Mira que no estoy para desastres! Si ves que tal, avísame y dejo la lectura para otro momento más optimista).

Paloma dijo...
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Paloma dijo...

Verónica, en un mundo como debería de ser, la frase "yo respondo de ti ante ellos" sería de las más escuchadas. El apoyo de la manada. El no te preocupes, porque estamos a tu lado, te queremos y puedes contar con nosotros.

¡¡¡Se me saltan las lágrimas de sólo pensarlo!!! Pero la vida no es así, y sobre todo la manada humana en la que hemos nacido la mayoría de nosotros, que ni es manada ni es nada. Mucha inteligecia y todo lo que quieras, mucho desarrollo y maquinitas, y sin embargo de apoyo cero.

Pero... Pero... la vida tiene sus compensaciones, y sus vueltecillas, y sus sorpresas, y los que no nacimos en una "verdadera manada", como quien dice, hemos sabido buscárnosla de mayores en otro lado, y eso es lo único que importa.

Por esas nuevas manadas que hemos sabido crear. Por la auténtica amistad. Por nosotros. Por el año que viene, que va a ser "la leche" de bueno.