lunes 1 de diciembre de 2008

22 - EL MENSAJE


En mitad de la noche, noche oscura bajo el océano, alguien se encaminó sigiloso hacia uno de los estanques del Reino de las Profundidades mirando a uno y otro lado para comprobar que nadie le seguía. Y al llegar al bordillo se detuvo, alzó la cabeza y observó detenidamente las alturas. Las negras aguas que lo invadían todo al otro lado de la mampara estaban vacías. Aún así se agachó, cogió una caracola escondida tras una piedra, introdujo un extremo bajo el líquido del estanque y sopló.
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No se oyó nada, ni el más leve silbido. Pero un sonido inapreciable al oído humano se propagó rápidamente entre millones de gotas saladas y llegó al mar, a mar abierto, dónde sí hubo quien lo escuchó. La respuesta no se hizo esperar. Poco después rompía la superficie el brillante morro de un delfín listado. Una mano le ofreció una cápsula alargada de cierre hermético. El cetáceo la atrapó cuidadosamente con los dientes y, tras escuchar una voz que le decía con insistencia —Dhana, Dhana, busca a Dhana—, desapareció bajo las aguas.

Sabía perfectamente cuál era su misión. No era la primera vez que lo hacía.